
El único ejemplo de arquitectura militar es el Castillo de San Miguel, construido en el mismo lugar en el que se hallaba el primer fortín con que contó el antiguo puerto para su defensa. El rey Felipe II autorizó la nueva edificación, patrocinada por el regidor Fabián Viña, por real cédula de 25 de julio de 1575, comenzando las obras el mismo año. Este baluarte se vio también afectado por el incendio de 1697. La erupción de 1706, que supuso un duro golpe para la economía de Garachico, impidió la total restauración del castillo, cuya decadencia era ya palpable antes de mediar el siglo XVIII.
En su pétrea fachada destaca, sobre la puerta de entrada, los escudos heráldicos de la Corona española (imperial de Carlos I), de la isla de Tenerife y de las familias nobles vinculadas a la historia de la fortaleza.
A lo largo del siglo XIX continuó como sede de las fuerzas militares que prestaban servicio en Garachico. En 1876 desaparecerá definitivamente la compañía de artilleros milicianos de la villa y sólo se mantuvo, durante algunos años, una comandancia militar. En 1905 la Capitanía General de Canarias cede provisionalmente la fortaleza, para ser usada como depósito municipal, al Ayuntamiento que, en 1959, se hará con la propiedad de la misma. Una vez restaurado fue destinado a usos culturales. En 1999 fue declarado Bien de Interés Cultural con categoría de Monumento.
Arquitectura civil
Cerca del castillo de San Miguel y junto a la popularmente conocida como plaza de Abajo se halla la denominada Puerta de Tierra, del siglo XVI, por donde entraban y salían las mercancías que se cargaban y descargaban en el antiguo puerto de Garachico. Este histórico vestigio del esplendor comercial de la villa comparte espacio con otra importante muestra de la historia de la economía insular: el lagar, del siglo XVII, procedente de la hacienda de San Juan Degollado.