
La riqueza arquitectónica de Garachico se complementa con la existencia de importantes manifestaciones de escultura y pintura, fundamentalmente de carácter religioso. No en vano Garachico fue sede en el siglo XVII del célebre taller escultórico instalado por el sevillano Martín de Andújar, discípulo aventajado de Martínez Montañés, que crearía escuela en el panorama artístico insular con creadores de la talla de Francisco Alonso de la Raya o Blas García Ravelo.
Ermitas, iglesias y conventos atesoran
magníficos ejemplos de este tipo de obras de arte. Al respecto el
interior de la iglesia parroquial de Santa Ana se nos muestra como un
auténtico museo de arte sacro. Aquí destaca el tabernáculo del altar
mayor que, fabricado bajo esquemas clasicistas a finales del siglo
XVIII, fue colocado en el templo en 1802. En este tabernáculo,
atribuido a José de Bethencourt y Castro, se hallan tres valiosas
tallas. El Crucificado (s. XVII) es obra del imaginero sevillano Martín
de Andújar. Las imágenes de Santa Ana y San Joaquín (1798) salieron de
la mano del afamado escultor de Gran Canaria José Luján Pérez
(1756-1815). La obra pictórica que decora el templo es de gran calidad.
Las pinturas que se hallan rematando el retablo del Señor de la
Columna han sido atribuidas, por algunos especialistas, a Francisco
Meneses Osorio, ayudante y colaborador de Murillo (1617-1682). En la
iglesia de Santa Ana también se encuentra otra pieza interesante del
arte sacro garachiquense. Se trata de la pila bautismal de mármol (s.
XVII), donada por Pedro de Ponte y Llarena (conde del Palmar). Detrás
del tabernáculo de la capilla mayor se halla la excelente sillería del
coro, cuya parte más antigua fue realizada en el siglo XVIII en buena
madera isleña. La orfebrería parroquial ofrece igualmente buenos
objetos en materiales preciosos. La mayoría son trabajos del siglo
XVIII.
Sobresalen las andas de badalquino de la Virgen del Rosario
y las del Corpus, la custodia de tembladeras (barroco isleño) y varios
cálices, entre los que destaca uno de oro de estilo rococó. Este
patrimonio se enriquece con valiosos ornamentos pertenecientes al
vestuario litúrgico parroquial, como el terno dominico (s. XVIII)
bordado en hilo de oro. Muchas de estas piezas forman parte del Museo
de Arte Sacro de la propia iglesia.
Muestra del arte americano en
Canarias es el Cristo de la Misericordia, elaborado en pasta de maíz,
según la técnica de los indios tarascos de Michoacán en México (s. XVI).